miércoles, 29 de septiembre de 2010

Cosas que he aprendido y que he enseñado

Lo que he aprendido gracias a la sabiduría insondable de mis alumnos:
1. Se puede lavar un auto usando un gato como esponja
2. Las abejas saben peluditas
3. Cuando te asalten debes correr como hombre y gritar como niña

Lo que he enseñado:
Para construir una buena oración las palabras deben correr juntas por un campo verde bajo un sol alegre agarradas de las manos

jueves, 28 de mayo de 2009

Todo lo que tocan mis palabras

No sé si todo lo que escribo es una mentira o se vuelve una mentira. Me siento una versión deforme de Midas. ¿Esto dirá algo de mí? ¿Será una confirmación de mi paranoia o un diminuto atisbo de sabiduría? Estoy desamparado ante el árbol imponente de la verdad. Por más que intento acercarme a él, ponerme al menos a su sombra, siento que las palabras me traicionan. Y yo las traiciono a ellas. Así de cobarde soy. No pasa un minuto y ya todo carece de sentido. Todo queda manchado, deformado por letras que embarro en todos lados. Tal vez porque mi alma quede allí. Palpo las palabras de Reyes que dicen que el lenguaje es una cosa dura y ajena y las hago mías. El lenguaje, esta estructura que soy, estas ramas, estas oraciones que quiebro, son mis brazos y mis piernas. Son mi voz.

martes, 31 de marzo de 2009

La vida de los otros

Vivir es vivir la vida de los otros. Vivimos a través de los padres, de los hijos, de las parejas, de los amigos. El amor es la excusa. A veces también vivimos a través del arte, pero eso creo que ya se ha dicho muchas veces. Lo que no decimos es lo increiblemente egoista que es amar.

viernes, 13 de febrero de 2009

Lupus

Uno debería morderse las manos de vez en cuando, especialmente cuando los labios no dan para más. No cuando las palabras, no cuando el sentido, no cuando la esperanza y otras categorías posmodernas y generales. Gosh, a como van las cosas tal vez algún día mi puño muerda mi propia mirada.

Juicios

Estos días estoy con la sensación de que no tengo alma, no puedo ser bueno ni malo. Sólo un animal: un ser humano. Luego pienso que sí soy malo, sea lo que eso signifique. Después me digo que eso no significa nada, es sólo un juego de palabras. ¿Entonces por qué me siento así? Con esta estúpida necesidad de ser.

Tal vez solamente sea inmensamente estúpido.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Wise up

video

Aimeé Mann

jueves, 29 de enero de 2009

Pensamientos que tiemblan

"La piedra es lodo endurecido. La gruta es lodo endurecido. No busco la piedra ni la dureza.
Caballo blanco no es caballo. Busco el lodo.
Que se entienda esto: mi ermita no es sólida. No se puede construir nada a partir de lo que yo escribo.
La mano que escribe es como una mano que enloquece en la tempestad. Hay que tirar la carga al mar cuando el barco se hunde."

Fragmento de Las sombras errantes de Pascal Quignard.

¿Significa esto
a) que hay que tirar el sentido, arrojarlo al lenguaje para las palabras?
b) que hay que tirar las palabras, arrojarlas al lenguaje para salvar el significado?
c) Ninguna de las anteriores
d) Todas las anteriores

sábado, 24 de enero de 2009

Día de clases

La niña cae del banco, echa espuma por la boca, se convulsiona. Al principio voltean confundidos, luego gritan; excepto él que se queda mirando. El maestro se quita el cinto y lo mete en la boca de la niña. Él cierra los ojos y los oídos tratando de que los gritos no lo transpasen, que no lo quiebren, sin lograrlo. Los niños se arremolinan torno a ella; su miedo es feroz, los incita. El miedo de él es diferente: solitario, negro, es como una grieta que lo jala y lo impulsa a jadear, a pedirle al maestro si por favor le da permiso de salir al baño. El maestro accede concentrado en ella, calmándola, diciéndole que todo está bien, mientras aleja a los niños. Él corre pensando en la baba, en la muerte y llega a la dirección y le cuenta desesperado todo a la secretaria, luego va y se encierra casi una hora en el baño. Cuando vuelve el banco está afuera, los conserjes lo están lavando, pero él se figura que la espuma del jabón es saliva de niña muerta. Tiene miedo de preguntar. Sabe que cuando ella regrese no podrá mirarla como antes, no podrá verla sin temor.

viernes, 23 de enero de 2009

El taller

Ayer fui al Taller del Barrio Antiguo. Me gustó mucho. Me quedé hasta después de medianoche y eso que al dìa siguiente entraba a clases a las 7. Ahí estaba Lety con un nuevo color de pelo y tan impresionante como siempre. Jorge calentando el pan y poniendo la mesa. Moderando a ritmo de cigarro. De un tiempo acá me corroe la idea de que muchas de las cosas que hago o creo no son el producto de mi deseo, sino las consecuencias. No que no me guste, por ejemplo, escribir, leer o analizar textos, sino que lo que en verdad me ata son las personas, el ambiente, ver a Aidé, con un humor extraño, que no le conocìa pero que me gustó mucho porque parecía más real, más como ella. Sin esa necesidad de enseñar, sólo ser. Y también extrañaba estar al pendiente de Zaca, de que no se durmiera, de que no se emborrachara tan pronto. Preguntándome cómo fregados puede escribir así, con una de esas pinches envidias que no florecen nomás porque es tu amigo y porque precisamente ese amigo no tiene conciencia de nada. Y preguntándome también cómo se acabó juntando un grupo así, incluidos Lupita y Carreño. Siempre me siento arropado entre ellos. Siempre me siento cohibido en esa sala saturada de olor a cigarro, porque ahora sé que si amar me avergüenza mucho más lo hace el ser amado. Con las personas que me importan me avergüenza todo: la risa, la muerte, las palabras. Me avergüenza ser feliz.

viernes, 9 de enero de 2009

La brecha

El deseo termina donde la realidad toma su forma. Afortunadamente para el deseo la realidad rara vez consigue salvar la grieta de conceptos, de lugares, de tèrminos. La brecha es el lenguaje.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Navidad

Recuerdo una Nochebuena que pasaron tres versiones de "Un cuento de Navidad" y en una de esas películas los fantasmas me asustaban.

Otra Nochebuena en la que estábamos sin dinero mi madre me regaló unos calcetines que utilicé hasta que las hebras ya no pudieron estar juntas.

Otra Nochebuena, también sin dinero, mi hermano Bernardo se enojó porque pedí de regalo unos costosìsimos boxers de 120 pesos que sólo utilicé dos veces.

Otra Nochebuena hubo una guerra de cohetes y la calle quedó llena de humo papeles y desde esa noche los odié.

Otra Nochebuena mis padres fueron a visitar a mi bisabuela moribunda a Guanajuato y yo celebré Noche Buena viendo "21 Jump Street".

Otra Nochebuena salí a caminar a medianoche buscando algo de mí que aún no he encontrado.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Vita brevis

Hoy hice cinco hotcakes. Al primero lo llamé Frankenstein, al segundo Cuasimodo, al tercero Régulo, al cuarto y más gordo Ramberto y al quinto y perfecto Rundolfo. Todos eran raros y sabrosos.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Fuentes

He encontrado luz una tarde tocando el viejo teclado en un rincón de mi casa.
He encontrado luz en mi hermana que fue a buscar el perro que decìa odiar a la una de la mañana, para que no sufriera el frìo invernal.
He encontrado luz en el atrio de una iglesia, una mañana en que me acostè en su alfombra roja y escribí un poema.
He encontrado luz en un gato que se dormìa en mi pecho.
He encontrado luz en una persona que se escondìa en los árboles del Chipinque figurando ser una ardilla.
He encontrado luz en un abrazo que me dio una amiga que acababa de conocer.
He encontrado luz en una pistola que disparaba tapas aplastadas de coca cola.
He encontrado luz en las ramas y el fruto de un nìspero.
He encontrado luz en unos labios que se estiran profundamente para sonreìr.
He encontrado luz en un tiro perfecto de Jesús Arellano contra el Pachuca.
He encontrado luz en las veredas de un cerro que subìamos para hacer ejercicio.
He encontrado luz en un poema, en un cuento, en una canción que aún canto ciertas noches.
He encontrado luz en tu voz que me quiebra hasta el cansancio.

jueves, 27 de noviembre de 2008

La esperanza

Uno no sabe nada del amor. Uno sólo puede suponer y vivir. Actuar en base a esas suposiciones, a esas creencias. Luego tal vez la vida te dé algunas certezas, algún reposo.

Somos cuerpos buscando heridas

"...Somos heridas buscando cuerpos..."

verso de "Ruina de la infame Babilonia" de Marco Antonio Montes de Oca

David Garcìa me platicó que compró ese juego de rol para ñoños llamado Fable II. Decidió convertirse en guerrero y ganó bastantes batallas. Lo interesante es que el personaje cambia tras cada pelea. David me dijo que le gustaban las cicatrices de su alter ego. Tal vez amamos nuestras cicatrices porque nos definen mucho mejor que el rostro hasta cierta medida aleatorio que tenemos. Las cicatrices son el rostro que elegimos.

domingo, 23 de noviembre de 2008

El sitio y la razón

Escribimos para convocar. Me pregunto si antes de comenzar a escribir era feliz. Supongo que no tanto porque leía. Saliendo de la secundaria tomaba un camión que hacía una hora de camino para llegar a la Biblioteca Central, ahí me metía y sacaba libros de Sherlock Holmes, Leyendas de Bécquer, Cuentos de Quiroga, poemas de Campoamor; luego volvía a esa ruidosa y dulce soledad de seis personas y una casa diminuta. Luego comencé a escribir. A invocar. Antes tenía culpa y escribía con culpa. No se puede ser cínico y escribir. Se escribe desde el rencor, desde la rabia, o desde la ignorancia o la inocencia, la certeza, la duda y la tristeza, en un mismo paquete. A veces desde el amor. A veces.

martes, 18 de noviembre de 2008

Sobre el lenguaje y la locura

"De niños, todos estamos locos; esto es, todos estamos poseídos por una imaginación sin domesticar y vivimos en una zona crepuscular de la realidad en la que todo resulta posible. Educar a un niño supone limitar su campo visual, empequeñecer el mundo y darle una forma determinada, para que se adapte a las normas específicas de cada cultura. Ya se sabe que la realidad no es algo objetivo [...] La realidad no es más que una traducción reductora de la enormidad del mundo y el loco es aquel que no se acomoda a ese lenguaje.".

Rosa Montero, La loca de la casa

lunes, 3 de noviembre de 2008

La fiesta

El sábado fui a una fiesta de unos excompañeros de facultad. Hace mucho tiempo no nos veíamos y hace mucho tiempo no iba a una fiesta de este tipo. Me divertí mucho. Primero vi a Karina y a Remo. Buscamos la dirección porque nunca habíamos ido. Y después de esperar en el 237 Sur nos dimos cuenta que la fiesta era en el 237 Norte. Tocamos un buen rato hasta que nos abrieron. Vi a Odvidio, a Hugo y a Laura, conocí al actual novio de Yarezi y a cinco personas más. Hace mucho mucho que no veía a mis excompañeros de facultad y de trabajo. Recordamos historias de la facultad y sobre todo a personajes y momentos en el que fue mi primer trabajo formal: Compuvisión, una editorial de libros escolares. Nos reímos de las canciones que oíamos y nuestra capacidad de bajar 5 pisos, atravesar una avenida, pedir y comer en un HEB y volver antes de que se terminara nuestra media hora de comida. Tratamos de reconstruir vidas, de encontrar el sentido a algunas cosas entre las risas, la carrilla y el alcohol. Vimos las muertes desde este ángulo lejano que es la falta de conciencia y siempre la muerte nos quita algunas palabras. Luego prometimos vernos de nuevo. Salí a las tres y media de la mañana a andar por el Paseo Santa Lucía. El tiempo nos pule, el movimiento nos pule, el amor nos forma, el odio nos forma, la distancia, el deseo, la memoria, el espacio, la tristeza, los cuerpos, todo nos modifica. Todo nos construye. También la ausencia. Estamos en el torno del tiempo. Escribo sabiendo que mañana que vea esto no seré el mismo, que las palabras (estas luciérnagas tenaces) a veces estarán prendidas y a veces apagadas, que los ojos que busco que lean este texto no existirán sino como el germen de otra mirada.

viernes, 31 de octubre de 2008

Cosas que no cambian

Cuando era niño pasé muchas tardes jugando a meter una pelota entre dos postes de luz. Fueron muchas las veces en que Javier, Ferna y Julio no podían jugar conmigo y me quedaba solo. Esas tardes sacaba mi pelota y comenzaba a correr conduciéndola entre enemigos imaginarios a lo largo de la cuadra. Luego me enfocaba en esos dos postes que estaban separados menos de un metro. El juego consistía en patear la pelota para meterla entre los postes. El primer tiro era fácil porque yo elegía el lugar, los siguientes se complicaban porque tenía que disparar desde cualquier ángulo o distancia en que la pelota hubiese caído del tiro anterior. A veces jugaba por el reto en sí, por el gusto de los postes, la pelota y mi golpeo; otras veces imaginaba que estaba en un estadio y la victoria dependía de mi disparo, de mi acertar en esa portería estrecha y sin travesaño, y en esas ocasiones el goce venía de saberme amado. Han pasado muchos años y sigo jugando a lo mismo por los mismos motivos, sólo que ahora lo hago golpeando letras, buscándote con estas palabras.